martes, 29 de julio de 2014

DEL MODELO DE AUSCHWITZ AL MODELO GAZA


En poco menos de una semana Israel desencadenó sobre la Franja de Gaza una lluvia de bombas que han matado ya a más de 200 personas, 80 por ciento de ellas civiles y una quinta parte niños. La excusa para los ataques son los misilazos que del otro lado lanzan los milicianos de Hamas sobre Israel, que acaban de causar la primera víctima mortal en Israel. Pero la disparidad no es sólo en cuanto a víctimas: Gaza es un menguado territorio de poco más de 350 quilómetros cuadrados que vive bajo el acoso sistemático de la potencia militar de la zona. Cada tanto, sobre su millón y medio de habitantes caen las bombas, según una repetida lógica de larga data, ante la indiferencia de las potencias occidentales, que por menos de eso ya estarían preparando una “intervención militar humanitaria” para frenar al agresor. Al final de la Segunda Guerra Mundial, señala el filósofo español Santiago Alba Rico, se produjeron en Europa varios acontecimientos que marcaron la historia posterior. El primero, dice, es que durante los procesos de Nuremberg se registra el rechazo del abominable “modelo Auschwitz”, signado por “la deshumanización y exterminio horizontal del otro”; pero antes la principal potencia vencedora, Estados Unidos, había impuesto “la legalización de facto de los bombardeos aéreos” sobre población civil.

El “modelo Hiroshima” se vuelve entonces aceptable y “la deshumanización y exterminio vertical del otro se asume como rutinaria o como no penalizable”.1 El bombardeo a Dresde, semanas antes de la rendición de Alemania, en marzo de 1945, en el que las fuerzas aéreas estadounidense y británica provocaron la muerte de entre 25 y 35 mil personas, es considerado por Donald Bloxham, editor del Journal of Holocaust Education, como un “crimen de guerra”. Apenas derrotados los nazis, Francia bombardeaba Argelia y Siria, provocando masacres sin que los capitostes del nuevo orden mundial emitieran la menor protesta.

Los bombardeos aéreos desde entonces han sido cosa común, incluyendo el horror de Vietnam. “Ahora mismo los drones estadounidenses bombardean Pakistán o Yemen, los aviones de Bashar al Assad a su propio pueblo y los F-16 de Israel a los palestinos de Gaza. Todos esos bombardeos nos impresionan tanto como una tormenta de verano y, desde luego, mucho menos que una cuchillada en el metro”, remata Alba Rico.

Si de Gaza se trata, los ataques aéreos contra ese territorio palestino tienen una larga historia, con su secuela de miles de muertos, entre ellos cientos de niños, que representan entre el 25 y el 30 por ciento de las víctimas.
El periodista y analista británico Robert Fisk, especialista en los conflictos de Oriente Medio, reproduce en una columna que publicó esta semana en el diario The Independent de Londres un diálogo a propósito de los bombardeos de 2008 que mataron a más de 1.400 palestinos: “‘¿Y si Dublín fuera atacada con cohetes?’, preguntó entonces el embajador israelí. Pero en la década de 1970 la ciudad británica de Crossmaglen, en Irlanda del Norte, fue atacada con cohetes por la república de Irlanda, y sin embargo la Real Fuerza Aérea no bombardeó Dublín en venganza ni mató mujeres y niños irlandeses”.

El periodista israelí Gideon Levy insiste en que para Israel no se trata de combatir el terrorismo sino de matar árabes: “Desde la primera guerra del Líbano, hace más de 30 años, matar a los árabes se convirtió en el principal medio de la estrategia israelí. El ejército israelí ya no pelea contra otros ejércitos, el objetivo principal es la población civil” (Haaretz, domingo 13). Prueba de ello es la utilización de armas prohibidas en los bombardeos. “Doctores y personal médico han encontrado en los cuerpos de fallecidos o heridos restos de armas de destrucción masiva ilegales para el derecho internacional”, aseguran médicos desde el hospital Shifa, de Gaza. El cardiólogo noruego Erik Fosse, que lleva años trabajando en la Franja, dijo a la prensa que Israel estaría empleando armas que provocan cáncer. “Los médicos apuntan que podría tratarse de los denominados explosivos de metal inerte denso (dime, por su sigla en inglés), un arma de tipo experimental cuyo radio de acción es relativamente pequeño, pero cuya explosión resulta extremadamente potente” (Russia Today, lunes 13).

En contra de lo que asegura la propaganda israelí, los bombardeos no son una respuesta a los ataques de Hamas sino un cálculo político para bloquear cambios en la región, una obsesión del establishment de ese país: impedir la reconciliación entre Hamas y Fatah y evitar la toma de distancia de la Unión Europea respecto de Estados Unidos. Para cumplir sus objetivos políticos, los dirigentes israelíes no dudan en perpetrar masacres cada vez que lo consideran oportuno. Al hacerlo revelan un estilo “claramente fascista”, apunta el israelí Uri Avnery. Avnery es una de las personalidades israelíes más destacadas. A sus 90 años no pronuncia la palabra “fascista” a la ligera, menos aun tratándose de un judío. Repasando una realidad que le duele, llega al fondo del problema: al revés de lo que debería ser, su país es “un ejército dotado de Estado”, dice.


1. Alba Rico no lo menciona, pero antes de la Segunda Guerra Mundial –probablemente como ensayo para el futuro–, durante la guerra civil española, la aviación nazi había lanzado operaciones de “exterminio vertical” de población civil en zonas resistentes del País Vasco, como en Guernica.

domingo, 27 de julio de 2014

El 20 de julio, comunidad de Sumapaz derrotó y expulsó a multinacionar Vector

En San Bernardo del Sumapaz, gracias a la decisión popular y la acción conjunta de diferentes organizaciones en defensa de la reserva de agua dulce más importante del mundo, como lo es el Páramo del Sumapaz, la empresa VECTOR encargada de realizar la exploración sísmica en dicho paramo cedió a la presión y a las justas demandas de los habitantes de la región en cuanto a frenar dicha exploración en el páramo más grande del mundo.

No es que la empresa haya decidido de manera altruista o por responsabilidad social y ambiental frenar dicha exploración que, dicho sea de paso, además de drenar y secar las fuentes hídricas causa también graves deslizamientos de tierra en carreteras, fincas y cascos urbanos; sino que esto obedece a la organización, movilización y férrea resistencia de las comunidades en defensa de su territorio y de sus fuentes de agua que en ultimas es la defensa de la vida y de la soberanía de los pueblos en su territorio y muy por encima de políticas económicas y desarrollistas que desde escritorios en Bogotá mandan algunos hombres de negocios en algún cargo de administración pública que ponen al servicio del capital extranjero.

Ya para nadie es un secreto el terrible e irreparable daño ecológico que significa la exploración sísmica en las fuentes hídricas de cualquier parte donde se realice dicha exploración.
Tampoco es un secreto que las multinacionales petroleras tienen las miras de sus afanes neoliberales puestas en los recursos naturales de los colombianos y tampoco es un secreto lo acontecido en el departamento del Casanare gracias a esta técnica de exploración que en Colombia no cuenta con ninguna reglamentación.
Es de destacar que la unidad de las organizaciones populares fue determinante de esta lucha que al parecer apenas comienza en defensa del agua.

Desde partidos políticos de izquierda, pasando por organizaciones estudiantiles, sociales, barriales, sectoriales, Marcha Patriótica, Congreso de los Pueblos, hasta funcionarios de algunas administraciones municipales de la región, así como también organizaciones ecologistas desde el Piedemonte Llanero, hicieron sentir su voz en defensa de la reserva de agua dulce más importante del planeta.
Así las cosas, los pasos gigantes y devastadores del modelo neoliberal y extractivista de explotación a ultranza de los recursos naturales de los colombianos, sí se puede frenar. Sí es posible que la voluntad popular y la defensa de la vida se ponga por encima del dinero y los negocios de los poderosos que ostentan cargos ministeriales.
La reflexión final que nos puede quedar de este largo proceso es una: Solo la unidad de todos los colombianos en defensa de la vida podrá frenar el avance de las políticas neoliberales y ultra capitalistas que avanzan de manera despiadada por los territorios colombianos.



jueves, 24 de julio de 2014

Cine y libertad: Un permanente batir de alas

El universo de la pantalla entraña un infinito de posibilidades, como la libertad. Ésta ha sido un laboratorio de formas y contenidos cinematográficos, de la misma forma que ha querido y ha podido serlo, por ejemplo, el arte: como argumento necesario de los anhelos más sentidos de la historia y las pasiones más íntimas en las que palpita todo lo humano. El cine, como expresión artística, vino a ampliar el espectro de las utopías. La imagen en movimiento fue, desde su inicio, una proyección de libertad y esa ventana indiscreta, multiplicó su horizonte; la hizo revivir en la imaginación, dejando renovada constancia de su lucha contra los dogmas establecidos, los prejuicios, los tabúes o los miedos que le encarcelan el alma.

A partir de su invención, directores y guionistas, desde diversos ángulos, han entablado a través de la cinematografía un dialogo fecundo con la libertad y continúan rastreando el eco de sus pasos por el ancho mundo. No en vano, es gracias a ésta, a su fuerza luminosa, que el cine pulsa por no convertirse únicamente en ese gran hipnotizador de las masas urbanas, quienes a través de la industria generalizada del entretenimiento buscan un pasatiempo más, que en lo posible no contradiga el curso normal de la realidad impuesta. El cine como aventura imaginaria crea espacios de libertad, en los que el pensamiento crítico se manifiesta encontrando un modo contemporáneo de oxigenar la cultura y la libre expresión.

Partiendo, entonces, de un rastreo critico que para nada pretende ser exhaustivo, intentaremos ofrecer un panorama, brindado por los recursos de la cinematografía, a favor de las causas que encarnan las luchas por la libertad. Este recorrido reflexivo quiere dar cuenta de películas ampliamente conocidas, así como también de otras que no gozaron, precisamente por su contenido, de un mayor reconocimiento masivo u oficial, pero que no por ello dejan de ser referentes históricos importantes a la hora de plantear un tema tan afín con la humanidad.

Para nosotros la libertad

"Para nosotros la libertad" (René Clair, 1931) es una comedia musical presentada a través de dos simpáticos presidiarios, cuyo núcleo argumental pone de relieve el cuestionamiento de lo que, más tarde, se consolidaría como la Sociedad de Consumo. Frente a este culto desmesurado al trabajo y al endiosamiento de la producción en serie, René Clair exalta, en esta cinta, un espíritu lúdico pleno de gracia: lo que el yerno de Karl Marx, en un inusual libro, dio en nombrar como El derecho a la pereza. La película de manera intuitiva y sutil, prefigura los debates entre quienes son acérrimos partidarios de una moral del trabajo que condena el ocio, y plantea una disciplina de hierro, en contraposición a los haraganes, quienes desde otra orilla libertaria, ven las fabricas como cárceles sin grilletes y dudan del trabajo obligatorio, en el que no tienen más remedio que ser piezas del engranaje, en la cadena de producción.

La fábrica de René Clair es, efectivamente, una prisión. Los reclusos son trabajadores obedientes y presas de una ideología casi religiosa: el trabajo repetitivo unido a la falacia de que su obligatoriedad se debe llevar con orgullo porque representa la “verdadera libertad”. Sin embargo, por paradojas de la trama, la empresa es cedida a los trabajadores en unas condiciones óptimas de desarrollo automatizado y tecnológico; ellos, dueños de la producción y de su tiempo libre, terminan gozando de su ocio, mientras celebran su buena vida a costa del trabajo realizado por las máquinas. Como nota curiosa de su época, este final utópico, y algo idílico, fue visto por el partido comunista francés como de índole anarquista. En sus memorias René Clair al comentar esa reacción adoptó el rótulo, con la misma ironía con que escribió y dirigió la película.

La clase obrera va al paraíso

La película "La clase obrera va al paraíso" (Elio Petri, 1972) desde otra mirada más escéptica, combate la esclavitud del trabajo, por su violencia y estupidez a la que, en aras del rendimiento en la producción, es sometido el cuerpo y el espíritu. La cinta retrata la vida cotidiana de un obrero siderúrgico, encarnado de manera formidable por el gran actor Gian Maria Volonté. Cuando éste entra en contradicción con el trabajo a destajo, forma mediante la cual las grandes empresas presionaban al trabajador para que en menor tiempo produjera mucho más, pasa de la sumisión mecánica a la rebelión desesperada.

martes, 22 de julio de 2014

Santos, el gran encantador de serpientes

En el contexto post-electoral está ocurriendo un fenómeno político que hay que apreciar de manera precisa. Se está redefiniendo, para el escenario post-conflicto, el nuevo encuadramiento político bipartidista. Algo así como una versión re-encauchada del Frente Nacional. Los signos de esta metamorfosis abundan.

A comienzos de Julio, Santos convocó una conferencia sobre la “Tercera Vía y la Paz”. Con este evento, Santos intentó reforzar la imagen de un presidente de “centro-izquierda”, para encubrir el afán de lucro, lo único que motiva a la Tercera Vía, ese aborto mutante de la social-democracia neoliberalizada que terminó propiciando algunas de las aventuras imperialistas más devastadoras del último tiempo[1]. Esa imagen es parte del nuevo bipartidismo que se ha generado desde la segunda vuelta electoral, en la que la izquierda fue fagocitada en el voto a Santos y la “oposición” pasó a ser el uribismo. Oposición por lo demás espuria, puesto que salvo ciertos énfasis, están de acuerdo en lo fundamental tanto en lo político como en lo económico. Codeándose con la “izquierda” buena y racional del mundo (Felipe González, Ricardo Lagos, Fernando Cardoso, Tony Blair y Bill Clinton), Santos intenta mostrarse como un hombre reformista pero realista, un estadista respetado internacionalmente, capaz de conducir a Colombia por el camino de la paz y de la “prosperidad para todos”. De paso, Clinton y Blair aprovecharon de apoyar la paz en los términos de Santos –paz minimalista, exprés, con injusticia social- y respaldaron al mandatario colombiano en su negativa al cese al fuego con las insurgencias durante el período de negociaciones como una manera de acelerar la firma de un acuerdo lo más estrecho y limitado posible, que ojalá no toque en lo absoluto las causas estructurales del conflicto y de la acumulación desmedida de capital[2]. Los laboristas ingleses y los demócratas yanquis pueden firmar todas las carticas que quieran llamando al cese al fuego, pero la voz que ronca, sus jefes políticos, ya dejaron sentada su posición: no al cese al fuego. Esa es la posición que define y se encargaron de decirla en Colombia para que no queden dudas al respecto. 

Dos semanas después viajó a Brasil para participar en la conferencia de los BRICS (el bloque económico emergente, liderado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), donde recibió espaldarazos ni más ni menos que de Vladimir Putin y posó para la foto junto a los países que hoy disputan la hegemonía económica a Estados Unidos[3], a la vez que sigue impulsando la Alianza del Pacífico junto a los cachorros nostálgicos del Consenso de Washington (Perú, México y Chile). El “presidente de la paz” tiene una gran capacidad para aparecer como cualquier cosa dependiendo del auditorio. Ante la izquierda, aparece con una rama de olivo en la mano. Ante los militares y sus áulicos, aparece como el presidente que más duro ha confrontado a las FARC-EP, con las cabezas sanguinolentas de Alfonso Cano y del Mono Jojoy en sus manos. Ante la “comunidad internacional” y sus multinacionales, aparece diciendo que en realidad con la paz nada va a cambiar, ofreciendo a cualquier postor los recursos, la infraestructura, los servicios y la mano de obra del país, mostrándose como el fiel continuador de la política de “seguridad inversionista”. Casi que uno se siente tentado, ante semejante camaleón, a decir que Santos trata de ser todo y que a la vez es nada. Pero nada más lejos de la realidad. Santos es solamente una cosa y acá nadie puede engañarse: es un firme defensor del status quo, un firme defensor de los intereses de la clase a la que representa, la fracción lumpen-burguesa intermediaria transnacionalizada de la oligarquía.

Esto no cambiará aunque le duela a algunos izquierdistas que creen que Colombia es una excepción a la regla universal de la lucha de clases. Que bajo el manto de la paz caben todos los ciudadanos de buena fe. Algunos izquierdistas, esos que no votaron en la segunda vuelta con tanto asco sino que con calculadora en mano (para no hablar de los que mostraron la careta santista incluso en la primera vuelta presidencial), incluso, se han hecho ilusiones con ser parte del “gobierno de la paz”. Sacan cálculos alegres, fantasean con verse en algún ministerio, en alguna oficinita, o por qué no, como comisionados de paz… creen que la “apertura política” significa que el establecimiento les abra un huequito en el podrido edificio del Estado narco-paramilitarizado. Mueven la colita, se entusiasman, tratan de demostrar que tienen capacidad para controlar las pasiones populares, la movilización social de la chusma y garantizar la gobernabilidad… Santos, por su parte, a través de su ministro de guerra, Juan Carlos Pinzón, ahora intenta revivir una versión aún más nefasta del proyecto de ampliación del fuero militar[4] y escala las agresiones militares contra los campesinos[5], en un claro guiño a los ultramontanos enquistados en el parlamento y las instituciones estatales. ¡El presidente de la paz apenas a unas semanas de ser re-elegido, profundizando la guerra sucia!… ¡quién lo hubiera imaginado por Dios! Como lo dije en un artículo anterior, las concesiones en este segundo período serán hacia la derecha uribista, no hacia la izquierda[6]. Qué pena con ellos, pero tendrán que quedarse con las ganas no más.

lunes, 21 de julio de 2014

[Documental] El precio de la Copa del Mundo

Documental danés sobre el precio social y humano de la Copa del Mundo de la FIFA 2014 que se ha celebrado en Brasil. Subtítulos en ESPAÑOL que se pueden activar / desactivar en parte inferior del reproductor.


domingo, 20 de julio de 2014

19 de julio: Revolución, un grito de esperanza

Miramos hacia un lado y vemos las miserias de un mundo en descomposición: pobreza, hambrunas, destrucción del territorio…, miramos hacia otro y vemos las miserias de un modelo económico que nos explota y humilla a diario: paro, desahucios…, con optimismo ya vemos incluso cómo nos roban nuestro tiempo a cambio de un salario cada vez menor y peores derechos laborales; incluso, miramos de nuevo y vemos los estragos del autoritarismo: el patriarcado sometiendo a millones de mujeres, el adoctrinamiento en las (j)aulas sometiendo la voluntad de millones de chavales que, poco a poco, van asimilando los valores jerárquicos y competitivos que nos invaden, vemos cómo quien intenta malvivir en este mundo absurdo de opresiones, es reprimido por sus policías, encarcelados en sus prisiones y todo para que Estado y Capital sigan siendo dueños de nuestras vidas.
Ante todo esto hay quienes, desde posiciones reformistas, intentan mejorar aquello que sólo debe ser destruido para la pervivencia de nuestra especie y de todas las demás, hay quienes intentan que este modelo político jerárquico sea más democrático, donde tengamos mayor capacidad de decidir quién y cómo nos va a seguir exprimiendo, como en el mundo laboral donde les listes de turno intentan mantener el sistema de explotación para poder seguir viviendo de sus migajas o, incluso, vemos a quienes abogan por un modelo económico basado en la competitividad que sea más respetuoso con las diversas formas de vida que cohabitamos este planeta…
Hace ya 78 años, en la Península Ibérica, dio inicio una profunda experiencia colectiva que venía a sentar las bases del fin de todo esto. El 19 de julio de 1936, la clase trabajadora en armas ponía fin a la militarada fascista en muchos lugares de la península, destacando sin duda alguna la labor llevada a cabo en Barcelona, donde fue el proletariado afecto a las ideas ácratas el que se enfrentó con mayor tenacidad a los militares golpistas, demostrando su capacidad autoorganizativa y poniendo contra las cuerdas no ya al fascismo, sino a todo el entramado estatal de la Generalitat y el gobierno burgués de la República. Los años de autoorganización proletaria al margen de las instituciones del Estado, a través del anarcosindicalismo en el campo del trabajo, la autoformación colectiva en los Ateneos libertarios, los grupos de Mujeres Libres (MM.LL.) o las agrupaciones de Juventudes Libertarias, la gimnasia revolucionaria de episodios insurreccionales anteriores… todo, venía a converger ahora en un pueblo que se había educado a sí mismo para recuperar entonces el control de sus propias vidas y que venía a poner fin a siglos, a milenios, de explotación de unes sobre otres.
Un pueblo que llevaba a cabo una profunda revolución social que pretendía transformar las bases políticas, económicas, culturales, etc., de la sociedad, alcanzar el comunismo libertario donde nadie fuese más que nadie, donde cada cual pusiese según su esfuerzo y recibiese en base a sus necesidades, acabando así con este régimen donde unes poques tienen de todo y la inmensa mayoría nada. Aquella experiencia, desatada por quienes querían evitarla (militares, burguesía, aristócratas, fascistas…), finalizó drásticamente, ahogada por dos bandos que seguían defendiendo la propiedad, la opresión de una clase sobre otra, de un sexo sobre el otro, el principio de autoridad en todas sus formas, en resumidas cuentas.

Hoy las miserias de entonces perduran, incluso han ido a peor al conseguir sus privilegiades derrotar entonces a les oprimides. Sin embargo, nos queda una importante lección histórica que aprender de aquel momento: la necesidad de organizarnos como clase, de luchar por lo nuestro con nuestro propio esfuerzo, sin aceptar las migajas envenenadas de nadie, con organizaciones propias, autogestionadas y con la acción directa y el apoyo mutuo como fundamentales herramientas de lucha, para golpear y ser capaces de aguantar los golpes de nuestres opresores. Buscar nuestra capacitación colectiva y emprender el camino de nuestra emancipación de toda forma de autoridad, siendo la revolución, la revolución social, en todos los aspectos de nuestras vidas, el necesario grito de esperanza que nos mantenga en la lid hasta el fin de todo privilegio, toda autoridad, hasta la consecución completa de la igualdad total y real.

CONTRA EL ESTADO, EL CAPITAL Y TODA AUTORIDAD:
¡REVOLUCIÓN SOCIAL!

Federación Ibérica de Juventudes Libertarias

jueves, 17 de julio de 2014

LOS ANARQUISTAS Y LA CUESTIÓN PALESTINA

¿Es el anarquismo contrario a la lucha de los palestinos por su nación? ¿Es posible una salida antiautoritaria a la crisis en Palestina? ¿Debemos los anarquistas del mundo apoyar al pueblo palestino? Estas y otras preguntas se discuten en el texto de Uri Gordon. Compartimos a continuación el capítulo 6 del libro Anarchy Alive, titulado Anarquía y la lucha conjunta en Palestina-Israel, escrito por Uri Gordon y próximo a publicarse por la editorial La Malatesta de Madrid. Compartimos la traducción hecha ya que aporta elementos fundamentales sobre el porqué los anarquistas nos sentimos tan involucrados con la lucha Palestina. 6

Patria
Anarquía y la lucha conjunta en Palestina- Israel.
Me he opuesto por muchos años al sionismo como ese sueño de los capitalistas judíos del mundo de conseguir un Estado judío con todas sus características… una maquinaria de Estado judío para proteger los privilegios de los pocos contra la mayoría… pero el hecho de que hay muchas comunas no sionistas en Palestina permite probar que los trabajadores judíos que han ayudado a los judíos perseguidos y acosados lo han hecho no porque sean sionistas, sino porque deben ser dejados en paz en Palestina para poder echar raíces y vivir su vida.
Emma Goldman, Cartas de España y del Mundo1(Londres 1938).

Como el cruce de caminos del conflicto imperial desde los días de Egipto y Asiria, y con una ubicación central en los legados culturales de las tres religiones que reconocen el legado de Abraham, la tierra entre el río Jordán y el mediterráneo se mantiene como un punto central en el espectáculo de la política mundial y el microcosmos de las tendencias globales. Justo cuando los acuerdos de Oslo eran promocionados como un emblema de la “benevolente” cara de la globalización en los noventas, estos colapsaron en la renovada violencia paralela a la transformación del proyecto globalizador en el más descarado imperialismo desde el 11 de septiembre. Hoy el conflicto en la región, que iré llamándola bien Israel/Palestina o Palestina/Israel, es uno de los ejes de la ideología del choque de civilizaciones y, por la misma razón, un punto crucial para la lucha anarquista.

En este último capítulo quiero ofrecer algunas perspectivas en la política de Israel/Palestina, donde la situación levanta amplias cuestiones sobre los acercamientos de los anarquistas a la liberación nacional, solidaridad internacional, e identidad colectiva basada en el territorio. Por un lado, quisiera mirar la aparente contradicción entre el compromiso de los anarquistas al apoyar a los grupos oprimidos desde sus propios términos ideológicos ya referidos, y aquellos términos -en el caso de los palestinos- de volverse un Estado-Nación. Primero, quisiera centrarme en las luchas conjuntas israelíes-palestinas en donde la participación de anarquistas es importante, señalando las inesperadas vías en que cuestiones como el paternalismo, la violencia y el agotamiento como militantes (quemarse en la lucha) se presentan en esta región. Finalmente, volveré al debate más amplio sobre anarquismo y nacionalismo, poniendo especial atención a la idea del bioregionalismo como una forma alternativa de identidad local que puede ser más apropiada para el enfoque anarquista.