
Este paro es un hecho de gran importancia pues plantea un escenario crucial de coordinación para
el movimiento popular, que va forjando acuerdos unitarios y superando, en la
lucha, históricas diferencias. También es un hito importante pues representa
una respuesta contundente por parte del pueblo a un gobierno
oligárquico que profundiza un modelo neoliberal rentista-dependiente, mientras
refuerza un aparato represivo mediante la agudización del militarismo y la
criminalización de la protesta social. Las movilizaciones recientes de mineros
y de campesinos del Catatumbo han despejado toda sombra de duda de que la única
respuesta que el pueblo puede esperar a sus demandas por parte del Estado, es
plomo y represión. El régimen de Santos se ha dotado de dos instrumentos
legales, totalmente ilegítimos, para fortalecer la represión y la violencia
contra la protesta social: por una parte, está el fuero militar, que garantiza
la impunidad de los soldados que asesinen, violen y torturen, y por otra parte,
está la mal llamada Ley de Seguridad Ciudadana, que ya está siendo utilizada
para amedrentar la protesta social. El gobierno amenaza a quienes ocupen las
calles con penas de cárcel y da poderes extraordinarios a gobernadores y
alcaldes para que repriman a los manifestantes [1]. Ya vamos entendiendo cómo
le gusta dialogar a este gobierno violento y autista.
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