En las últimas semanas los medios masivos colombianos han
dividido su tiempo para abordar primordialmente las dinámicas de dos fenómenos
distintos pero, en realidad, poco distantes: el mundial de fútbol Brasil 2014 y
las elecciones presidenciales en lo que desfasadamente se denomina la
democracia colombiana.
Las álgidas dinámicas de cobertura mediática del mundial y
la batalla electoral ocultan las problemáticas sociales, políticas y económicas
ligadas a tan importantes sucesos. En esta columna se propone una lectura de
estos dos asuntos que se conecte con el despliegue del modelo económico que se
ha impuesto a escala global y se yergue hoy como incuestionable.
Entonces, es necesario traer a colación al flaco Menotti1,
cuando afirma que “después de lo que he vivido, me siento un marxista hormonal,
sin más explicación ideológica. Durante 70 años de mi vida he comprobado el
desastre que ha hecho el capitalismo en todo lo que me rodea, incluido el
futbol”2.
En este marco, es necesario llamar a las cosas por su
nombre. Antes de hablar del mayor evento del deporte rey en Brasil y de la
justa “democrática” en Colombia, se debe hablar del robo del fútbol y de la
captura de la política a manos de las voraces fauces de las élites que
dinamizan el capitalismo contemporáneo. En dos semanas comienza el mundial y el
15 de junio se deciden las elecciones presidenciales en Colombia. El reto de
lograr un fútbol y una política acordes a los sueños y el disfrute de las
mayorías nos enfrenta a grandes luchas.
La captura de la política colombiana
Aun cuando se pregona a los cuatro vientos que la democracia
colombiana es la más antigua en América Latina, tal afirmación oculta las
porosidades de un sistema político que dista de dinámicas realmente
democráticas. Las actuales dinámicas de re-producción de la “democracia”
colombiana nos enfrentan a un pavoroso declive de la participación, el disenso
y la reflexión ciudadana, siendo estos elementos constitutivos de la vida
política en un contexto democrático. En contrapartida el espacio político ha
sido capturado por mafias cuyos intereses desbordan los horizontes nacionales.
En primer lugar, la oferta de la política institucional
gravita en torno a un núcleo programático idéntico en términos de la concepción
de la política y la economía. El pensamiento único, aún cando hay matices, es
unánime. Al ver las propuestas de los partidos políticos en las dos jornadas
electorales realizadas este año, la única que se sale del culto al actual
modelo económico, así lo haga de manera tenue, es la del PDA.
En segundo lugar, en Colombia el mecanismo de participación
política por excelencia es el voto. Ello no es novedad en una democracia
representativa. La particularidad es el alto nivel de abstención que supera, de
lejos, el 50% más uno de la población apta para votar3. Siendo el mayor
escenario de participación política, más de la mitad de la población queda
excluida.
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